Thursday, April 27, 2006

TAYTA ¿PUEDO IR A LA ESCUELA?


En medio de las bulliciosas calles del distrito de Comas, Juana Vílchez, huancavelicana de 21 años, camina emocionada por ser la primera vez que elegirá al mandatario de su país y trata de mantener en la mente el símbolo que debe marcar en la cédula. Llega al centro de votación y saluda a los miembros de la mesa de sufragio, pero de inmediato una pregunta resuena en el ambiente: “Señorita, ¿sabe por qué su documento de identidad no muestra rúbrica?”. El rostro de Juanita se sonroja al decir “no sé leer ni escribir señor, lo único que me enseñaron en mi pueblo es hacer una cruz o poner mi huella en mis documentos”.

Ya en casa, Juanita recordó que su padre, don Rómulo, no la dejó ir al colegio porque le faltaba mano de obra en el campo y además, le dijo mil veces que una mujer sólo debe aprender los quehaceres del hogar y atender a su marido. Quizá por ello tampoco se matriculó en la nocturna cuando llegó a la capital.

La historia anterior es real y sucedió en los pasados comicios electorales; pero no cabe la menor duda que, casos como este, seguirán repitiéndose hasta que esté asegurada la igualdad de oportunidades educativas, se cierren las brechas de desigualdad y priorice el aprendizaje desde la infancia, tal como lo señala un reciente diagnóstico realizado por el Consejo Nacional de Educación.

Al respecto, el Proyecto Educativo Nacional reconoce que el Estado debe priorizar la educación de los que se encuentran en desventaja económica y social para crear calidad educativa. Pero todos los esfuerzos pueden minimizarse si, por ejemplo, el educando sufre de tuberculosis debido a una endeble alimentación, y la pobreza en la que vive no le permite acceder a un tratamiento médico. En otras palabras, estos factores desestabilizan las políticas educativas a corto y mediano plazo.

Para comprender fácilmente este espinoso tema, es necesario definir correctamente el término “equidad” que está basado en las condiciones de enseñanza y aprendizaje para que todos puedan alcanzar sus metas pero sin considerar las diferencias económicas, lingüísticas y culturales.

Se sabe que el Perú es un país con gran riqueza cultural y lingüística, pero ¿Puede imaginar Ud. por un momento que ocurriría si asume la enseñanza de una escuela rural, en donde sus alumnos no pueden entenderse entre ellos mismos porque además del castellano otras cuatro lenguas retumban en el aula?. Sin duda recordaría a la famosa torre de Babel.

Este es un problema que muchos educadores asumen con gran valentía pero que obliga a rediseñar sus metodologías, contenidos y organización. En el peor de los casos, se obliga a los niños a no comunicarse dentro del aula en su lengua materna, empieza así la discriminación sin tener en cuenta el Artículo 2, inciso 2 de la actual Constitución Política del Perú que señala que “toda persona tiene igual derecho ante la ley, sin ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo, idioma…”.

Juguemos a la escuelita

Pese a que en 1996, el Informe Delors sostuvo que “la educación es la columna vertebral en que se asienta la vida de los individuos en la sociedad”, poco o nada el sistema educativo enfrenta la triste situación por la cual más de 1’ 600.000.00 niños deben salir a las calles a vender golosinas en los ómnibus o hacer piruetas en cada luz roja de los semáforos y por ende, su asistencia a las escuelas es esporádica teniendo como consecuencia el bajo rendimiento, la deserción escolar y peor aún, quizás nunca puedan asistir siquiera al nido.

Todo esto sin mencionar los peligros a los que están expuestos estos niños, que no son infantes, ya que esta condición sólo se adquiere cuando el entorno social en el que vive le concede realizar las 2 actividades más importantes para su desarrollo: jugar y educarse.

La gran piedra con la cual tropiezan las políticas educativas es el bajo presupuesto asignado al sector, ya que de los 642 dólares que se requiere para la educación básica pública, 484 lo aporta el Estado y el resto debe ser completado por las familias del educando. Esta es la barrera que deben saltar la mitad de trabajadores peruanos que no se rinden para que sus hijos asistan a las aulas, pese a que en la zona urbana sobreviven con el salario mínimo vital y en las zonas rurales, también la mitad de ellos deben cubrir sus necesidades básicas con menos de 100 soles mensuales.

Es así que ir a la escuela se convierte en un privilegio de pocos y son precisamente ellos los que, de una u otra manera, empiezan a mirar con desdén a los que sólo sueñan en que llegue el día en el cual las autoridades pertinentes, recapaciten al mirar cifras tan espeluznantes como las del año 2001, donde el gasto público de las instituciones educativas por alumno fue el más bajo de América Latina y que por cada dólar que el Perú invierte en educación inicial – el pilar de la enseñanza – países como Argentina o Chile invierten siete veces más.

Además, el reciente informe realizado por el Consejo Nacional de Educación indica que estudiar en la escuela puede convertirse en una odisea diaria, porque en algunas comunidades, el colegio más cercano se encuentra a horas de camino y esto no es muy bien visto por los padres, pues temen que el pequeño descuide las tareas domésticas por las de la escuela, siendo esta una afirmación errónea pues muchos personas estudian y trabajan al mismo tiempo sin mayores dificultades.

Vida, pasión y ¿resurrección? de la educación peruana

En Julio del 2002, el Ejecutivo firmó el Acuerdo Nacional como base para la transición y consolidación de la democracia, la afirmación de la identidad nacional y el diseño de una visión compartida del país a futuro. Dentro de las 29 políticas de Estado asumidas, se encuentra el objetivo de Equidad y Justicia Social, donde el tema educativo está presente y se asume el compromiso de otorgar al sector el 0.25 % del PBI, cifra que hasta la fecha se espera alcanzar para así iniciar el trabajo de las estrategias específicas en atención a las brechas de alfabetización, género, discapacidad y ruralidad de adultos, mujeres y adolescentes.

Una de las grandes iniciativas por la infancia es el sistema “wawawasi”, consistente en una aplicación urbana y espontánea de la tradición andina de reciprocidad y que gracias al apoyo en 1999 del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) se inició el “Programa de atención al menor de tres años”. Lamentablemente el Estado no fue capaz de continuar el esfuerzo por falta de recursos. Sin embargo, hoy constituye una de las estrategias específicas del diagnóstico elaborado por el Consejo Nacional de Educación que planea relanzar el sistema pero con la iniciativa popular respaldada por una política gubernamental responsable.


La descentralización también es un tema de vital importancia para la educación. Y es la mayor cercanía entre la institución educativa y el gobierno lo que permitirá la mejora de de la calidad curricular junto al fomento de un magisterio acorde a las necesidades del estudiante.

Todo esto es posible dentro del marco de la democratización de la escuela y el sistema pedagógico, incorporando a la sociedad civil al proceso educativo, revalorando a los maestros por medio de capacitación permanente e incremento de sueldos y sobre todo, hacer de la escuela un espacio de interculturalidad.

Pese a que el diagnóstico gira alrededor de la infancia, ojalá las autoridades no se distraigan con el conocido jueguito del “gran bonetón”, pues este no es ningún juego de niños.

Datos de interés

 En el Foro Mundial de Dakar( 2001), el Perú se comprometió en alcanzar una Educación Básica para Todos.

 La educación inicial entre 1998 y el 2003 creció en 13% en la zona urbana y descendió en -8% en la rural.

 El 50% de los niños que salen de la escuela primaria son capaces de comunicarse por escrito, el resto se convierten en analfabetos funcionales.

1 Comments:

At 1:14 PM , Blogger Victor Liza J. said...

oe actualiza tu blog pe

 

Post a Comment

Subscribe to Post Comments [Atom]

Links to this post:

Create a Link

<< Home


www.Tu.tv
www.Tu.tv
<
Contador gratis BlogsPeru.com