LA MONEDA NUESTRA DE CADA DÍA
Sol, dólar, peso, euro, rublo, quetzal, rupia, libra, yen son algunas de las monedas que circulan por el mundo y que hasta hoy, a pesar de las tarjetas imantadas de plástico, resultan imprescindibles como elementos de intercambio. No podemos imaginar hoy un mundo sin monedas, sin embargo, no siempre fue así. Tiempos hubo en que el intercambio se producía mediante el trueque de productos.El auge comercial de diversas ciudades del mundo trajo como consecuencia la necesidad de establecer unidades o estándares de pago. Es así que nace la moneda como parte del sistema económico, sin considerar el valor que cada una de ellas pueden proporcionar respecto a personajes, acontecimientos, costumbres de la época, avances técnicos, símbolos y uso de idiomas.
Todos estos elementos son valiosísimos para la numismática, ciencia que estudia las monedas y medallas, desde el punto de vista histórico, artístico e iconográfico. Cada billete, moneda o documento es parte de un tesoro que no debe permanecer escondido al público, es así como lo entendió el Banco Central de Reserva del Perú, que bajo la batuta de la historiadora Cecilia Bákula, inauguró el Museo Numismático del Perú en los días en que se realizaba aquí Asamblea de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Este museo, situado al costado de la Casa de la Moneda, en la intersección de las calles Moneda y Molino Quebrado, hoy jirones Junín Y Paruro, alberga las primeras monedas que bajo la autorización del monarca español Felipe II, se acuñaron en el Perú en el año de 1568 con la supervisión de Alonso de Rincón, por lo que los numismáticos las conocen con el nombre de “rincones”.
Otras eran las ‘macuquinas’ piezas poco legibles y distaban mucho de la forma redonda que hoy caracteriza a las monedas e incluso, había algunas en forma de corazón. El término ‘makkakuna’ es quechua y significa “las golpeadas” , en referencia a la manera de acuñar con yunque y martillo. De esta manera cada una de estas ‘macuquinas’ era única en comparación a otras de igual denominación.
Para evitar el desgaste de los bordes de las ‘macuquinas’ y evitar falsificaciones como las que dicen que se hacían en Potosí, se creó un ingenioso aparato llamado “máquina de acordonar” que logró la forma circular de escudos y reales.
En el virreinato se usó un sistema monetario bimetálico, basado en oro y plata. La unidad para el oro fue el “Escudo” y la plata, para el “Real”, todo ello teniendo en cuenta que el sistema era octal y no decimal como en la actualidad.
La volante de San Andrés confeccionada con bronce y madera fue la reemplazante en 1752 del yunque y martillo. Con ella se fabricaron monedas de oro que muestra al rey de España con típica peluca de la época, por ello se denominaron popularmente como “las peluconas”.
En tiempos de la emancipación, el Libertador José de San Martín consideró de vital importancia darle al Estado no sólo una bandera , un himno y escudo , sino también una moneda que ostente su condición de país independiente. Además se emitió por primera vez el papel moneda o billete, que no tuvo buena acogida por el pueblo y tuvo que multarse a quien no los aceptara.
El Museo Numismático del Perú, recorre una serie de etapas de nuestra historia monetaria, encontrándose divisas de la confederación Peruana Boliviana; el Sol de la Plata con el que se inició el sistema decimal y la Libra Peruana de Oro, semejante a la libra esterlina británica. Casi al mismo tiempo, los bancos privados empezaron a emitir ‘vales’ que luego se convirtieron en billetes para facilitar las transacciones comerciales. Entre ellos estuvieron los Bancos de Lima, Trujillo, Arequipa, Piura y Tacna.
La muestra también presenta diversas medallas y condecoraciones, entre las cuales destacan la orden del Sol del Perú, Daniel Alcides Carrión, la antigua Guardia Republicana y también la Medalla de la Cultura y la Gran Cruz al mérito policial.
Es deber de todos los ciudadanos no maltratar las monedas y sobre todo los billetes en circulación a pesar de lo devaluado que pueden estar, pero quien sabe más tarde cuando, dios no lo quiera, se produjera algún descalabro esas mismas monedas irán a formar parte de la colección. O al revés, nunca hay que perder la fe, que una impensada prosperidad nos haga revaluar nuestros alicaídos soles y volvamos a tener moneda sólida y fuerte como antaño. La esperanza es lo último que se pierde.



0 Comments:
Post a Comment
Subscribe to Post Comments [Atom]
Links to this post:
Create a Link
<< Home